LA CASA DEL HUMO Y LA PALABRA
Os pego aquí la introducción de LA PIEDRA RESPLANDECIENTE (especialmente para los amantes de la música, el destino y el misterio) y un previo llamado LA CASA DEL HUMO Y LA PALABRA. A continuación de la portada están los datos de ISBN y todo eso.

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Este libro ha sido impreso en papel ecológico en cuya elaboración no se ha utilizado cloro gas.
Edición realizada en coedición con:
editora regional de murcia
Región de Murcia Consejería de Turismo y Cultura Secretaría General
© José Ortega Ortega, 2001
© Editorial Fundamentos, 2001
En la lengua española para todos los países
Caracas, 15. 28010 Madrid. ( 91 319 96 19
E-mail: fundamentos@editorialfundamentos.es
http: //www.editorialfundamentos.es
Primera edición, 2001
ISBN (Editorial Regional de Murcia): 84-7564-217-9
ISBN (Editorial Fundamentos): 84-245-0899-8
Depósito Legal: M-
Impreso en España. Printed in Spain
Composición Francisco Arellano. Asterisco
Impreso por Omagraf, S. L.
Diseño de cubierta: Paula Serraller
Azar o destino Cuando en 1.996 fundé mi propia productora y necesitaba darle un nombre, también fui a buscarlo a las páginas de Gilgamesh y la muerte, y también elegí el de Lugalbanda. Después de que todo esto sucedió, yo me enteré de lo de José Luis y él se enteró de lo mío. El grupo Lugalbanda hace una música de raíces celtas cuya emotividad y belleza no puede expresarse con palabras. Recientemente he dirigido una serie de diez episodios de cine documental para TV, sobre mitos mediterráneos. Uno de ellos, que lleva por título En busca de la inmortalidad, es una dramatización con actores y efectos especiales, del propio poema de Gilgamesh. Está filmada en parte en Aguilas, y en el papel de Gilgamesh intervino José Rodríguez, otro aguileño castizo. En el episodio he utilizado como fondo musical el tema Lugalbanda. No por cerrar ningún círculo, ni para forzar las coincidencias, sino simplemente para aprovecharme de su belleza. Mientras escribo estas líneas caigo por primera vez en la cuenta de que en La Piedra Resplandeciente aparece un grupo de tres músicos que toca al atardecer una melodía cautivadora. Los tres músicos son brien (hombres azules) que proceden de la aldea de Tresmares, en Hesperia (Un trasunto de la villa de Aguilas). A la vez, la cultura brien está ambientada en la cultura celta, de donde cabe esperar que su música fuera también una música de raíces celtas. Y, por fin, el fundador de aquella cultura había sido justamente el dios Lugalbanda. No escribí esa parte de la historia influido por la existencia previa de los tres músicos locales que hacen música celta, puesto que la acabé en 1.991, mucho antes de que naciera el grupo. Más bien parece que haya sido al contrario, como si los hechos posteriores se hubieran limitado a confirmar lo que ya estaba escrito. Pero, al mismo tiempo, todo lo que escribí sobre Aguilas y sus posibles mitos y sus lugares mágicos durante la Edad del Bronce no nació de la nada, sino de una semilla depositada en 1.986, sin prisas, por Lorenzo Hernández Pallarés, otro aguileño impresionante, cuando me llevó a ciertos sitios y me contó ciertas cosas, que están solo insinuadas en el prólogo de El Príncipe Pálido. A partir de 1.988 me dediqué a hacer en Aguilas una extensa colección de fotografías de modelos vestidos al modo de la Edad del Bronce. Hombres con túnicas al borde de acantilados como los del Cabezo Negro, mujeres semidesnudas con el cuerpo bañado en aceite, en el interior de cuevas como las de Cala Reona. Al ver las fotos, era imposible no ponerse a imaginar la biografía personal de aquellos personajes, y así fue como les di un nombre y una historia: Aranai-Aranai (= Gacela-Gacela), la joven forzada a vivir su infancia oculta en el interior de un túmulo funerario (a imitación de la irlandesa Deirdré); Jen-Karamai (= Ala de Golondrina), la hija de Halli el mago, que daría a luz al héroe local; Idar Dorainn (=La Plenitud de la Diosa), el joven que arrebató a los hombres de bronce el secreto de la metalurgia. Las fotos y las biografías se transformaron en un documento llamado Informe sobre los brien ondai (los hombres azules), la semblanza ficticia de una cultura histórica, en la que incluí las trazas de un idioma con un vocabulario y una gramática rudimentarios. No pasó mucho tiempo hasta que los personajes entraron en conflicto, las historias se ensamblaron unas a otras, y así nació La Piedra Resplandeciente. Una ficción nacida, como vemos, de la realidad. Curiosamente, el proceso es el inverso del que se sigue en el cine. Allí, uno imagina un personaje, un paisaje y una situación, y todo ello —con suerte— llega a convertirse en una realidad que se ve y se toca. Unos personajes le dan carne y sangre a lo que no eran más que ideas en la cabeza de alguien, y un director de fotografía se ocupa de que la atmósfera sea la que ese alguien había imaginado. En este caso, en cambio, los personajes reales, que podían verse y tocarse, fueron primero, y de ellos nació la historia. En unos aspectos, entonces, en La Piedra Resplandeciente (como en El Príncipe Pálido), la realidad y la ficción mantienen, por así decir, un diálogo amistoso. En otros, como el de las coincidencias en torno al nombre Lugalbanda y a la existencia de los tres músicos, la inspiración parece haber completado un viaje de ida y vuelta: Aguilas me inspiró estas novelas, y un músico de Aguilas se inspiró a su vez en ellas, aunque fuera en parte, para escribir uno de sus mejores temas. De todos modos, con esto no devuelvo a Aguilas más que una parte muy pequeña de lo que he recibido de ella.
La casa del humo y la palabra —¡Ancianos nobles y sabios! Éste es mi relato: Esta mañana me he internado cerca de la Yegua Blanca en busca de caza para mi familia. Cuando estaba acercándome a un ciervo he oído un ruido y me he detenido en seco. En seguida he visto algo que me ha dejado paralizado: un hombre de pelo rizado, tez morena y larga barba. Me horroricé y pensé en un extranjero. Nos hemos quedado mirando de modo desafiante y entonces, como tenía el arco preparado, le he disparado una flecha. El hombre calló y Barni le animó a continuar. —Explica qué pasó entonces. —Acerté al hombre, pero... pero la flecha rebotó en su pecho, como si fuera de piedra... No le afectó lo más mínimo. —¿Es eso cierto? —preguntó el hechicero Mi Día es Gris. —¡Lo es, por la memoria de Borr Hoja de Sauce! —respondió el apesadumbrado hombre y añadió—: El vestido o la piel del hombre era rojiza y brillante. El cazador recibió permiso para marcharse, y la Casa del Humo y la Palabra quedó sumida en un silencio pesaroso y desorientado. Las vaharadas de las hierbas aromáticas ascendían de los recipientes donde se quemaban, sin que nadie se atreviese a pronunciar la primera palabra. —El joven miente —dijo un anciano al fin. —Creo que los dioses han venido —añadió otro. —Yo pienso que la felicidad de Hesperia ha terminado, y quisiera que Borr Hoja de Sauce estuviera aquí —completó un tercero. Los hombres ancianos y sabios quedaron desconsolados, presas de una melancolía incomparable, y fumaron en demanda de inspiración y consuelo, pues sabían que Borr Hoja de Sauce, como los demás guerreros de la Cofradía del Bosque, pertenecían a la memoria del Pueblo y hacía tiempo que habían ido en busca de sus padres.
