Voy a pegaros en la siguiente entradael primer capítulo de LA PIEDRA RESPLANDECIENTE. Esta es la foto mía que aparece en la solapa, está un poco anticuada. Con esos tonos tan raros y grises, una vez me dijeron que parecía un poeta del siglo XIX (de aquellos que morían de tuberculosis, frecuentaban los cementerios y/o se suicidaban). La hice así porque quise. En mi antiguo laboratorio de B/N, cuando estas cosas se conseguían con revelador, fijador y humectante.

LA PIEDRA RESPLANDECIENTE es la última novela que escribí de la trilogía KHOL, pero en cambio es la primera por la cronología de la acción. Es decir, lo que conté en ella fueron los orígenes míticos del ciclo.

Una de las seguidoras de este blog acaba de comprarla y la está leyendo a toda velocidad. Se lo agradezco y realmente me satisface. No es por la pasta (no hay pasta de por medio), sino porque escribí mis novelas para dárselas a la gente, y no para que se enmoheciesen en un sótano. Todo el mundo debería soñar con el país de los brien ondai, los hombres azules que se pintaban el cuerpo y se embadurnaban de aceite, y caminando por el bosque parecían dioses, o diablos. Todos deberíais estar en ese país en algún momento, aunque solo fuera con el pensamiento.

El país existe, se puede pisar y hablar con su gente. Le vais a poner nombre en cuanto leáis el capítulo que pego aquí. Escribí la novela inspirado por esa gente, es una larga historia y la contaré otro día. Esa tierra, la que se pisa, es mi amor perdido. Hay una tribu de amigos nacidos allí: Un psicólogo con poderes de brujo apodado Llamaclara, otropsicólogo fornido y guapetón que debe descender de los guerreros brien, llamado Alasnegras, un antropólogo con quien he subido y bajado muchas montañas, llamado Cuervovuela. También lo contaré otro día. No acabaría nunca. La cuestión es que el país de los brien ondai es ficción y al mismo tiempo no lo es. Todo el mundo puede pertenecer a él si lee y entiende su historia, como mis amigos y yo.

Por cierto, que el amor es por el paisaje y por la gente, no por el Ayuntamiento. No se me da bien el hacer pasillos, ni las intrigas de despachos, y de la pelota ni hablemos, así que no solo no apoyaron nunca este trabajo que tanto realza su pueblo (por ejemplo, organizando una presentación. No todo tiene que ser dinero), sino que aún hoy lo ignoran.

Y después de este largo proemio, os pego el primer capítulo, y os digo qué es lo que espero: En primer lugar me gustaría recibir comentarios. En segundo lugar, si la muestra os parece prometedora sería agradable que pidierais la novela a la editorial (deberían saber que a la gente le interesa) o la encargarais por internet (en los vínculos que aparecen en el perfil) y, finalmente, si alguien tiene problemas y me lo pide, podría mandársela gratuitamente por correo electrónico. Como he dicho no es una cuestión de dinero.

Quiero que crucéis la frontera del país de los brien ondai.