IDAR DORAINN EN LA FORTALEZA DE LOS HOMBRES DE BRONCE
Zimrilin le contó todo esto paseando por las calles de la fortaleza, que a Insignificancia le parecían todas iguales, feas y cubiertas de polvo, pero de pronto los ojos del niño se fijaron en una nueva jaula, ésta mucho más grande, que colgaba de una estaca en el confín de la muralla: no encerraba ningún pájaro, sino a una persona, una mujer semidesnuda, de largos cabellos enmarañados, que se apoyaba desmayadamente sobre los barrotes...
—¿Qué es aquello? —preguntó. Zimrilin frunció el ceño. —¡Oh, no preguntes tanto, niño! —objetó, abandonando bruscamente la dulzura de su expresión—. Si quieres pasarlo bien has de ser discreto... ¿de acuerdo? El niño no estaba de acuerdo, pero asintió. Luego volvió a mirar empecinadamente a la jaula y a la mujer hasta que Zimrilin lo tomó por la mano y lo trasladó a su casa. Allí lo bañó, vertiendo sobre su cuerpo escudillas de agua de la que los soldados subían trabajosamente del arroyo, y le proporcionó prendas de vestir limpias y secas. Luego el niño se reclinó en una esterilla de junco y cerró los ojos. Zimrilin lo contempló durante unos momentos, como si fuera un pequeño milagro, como si los dioses benevolentes le permitieran gozar algo parecido a la vida familiar incluso en aquel lejano reducto de Occidente, en aquella fortaleza habitada por hombres toscos, endurecidos por la aventura y el constante peligro. Luego se marchó a sus quehaceres. Insignificancia, que sólo fingía dormir, se levantó inmediatamente e inspeccionó el exterior desde la ventana. Pero desde allí no se veía la extraña jaula, ni la extraña mujer. Sólo la casa del otro lado de la callejuela y un estrecho trozo de cielo donde apenas podía identificarse una sola constelación. Volvió a la esterilla y se preguntó una vez más quién era la mujer y por qué razón estaba encerrada, pero dejó estas preguntas para otro momento, porque se sentía fantásticamente cómodo y seguro, y esta vez, cuando cerró los ojos, fue para dormir profunda y plácidamente.
Este es un pasaje de La Piedra Resplandeciente. El dibujo es el fotograma de una animación 3D que hice para mi documental de 50 minutos KHOL (MITO& REALIDAD), sobre la vinculación de la trilogía literaria con los miros mediterráneos.



BabiaS -versus Lucila- dijo
Vengo desde Linkara, al trote, volveré más despacio y me asomaré también a la otra página que tienes. Buena suerte :¬)
5 Octubre 2007 | 11:25 PM